Mirada de ATENCION hacia nuestro

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Mirada de ATENCION hacia nuestro

Mensaje  BELLA el Miér Ago 25, 2010 5:04 pm

¿quieres volver a empezar?

Ora, ora y ora.

Estoy en tí. Déjame tomar tu mano y elevemos juntos lo que el Padre está esperando:

Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo, danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas así como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden y no nos dejes caer en tentación y líbranos del mal, amén.

¿cuento contigo?

Los caminos de Dios son únicos e imprevisibles. Tienen la característica de que se hacen esperar y están marcados por el silencio más profundo. Ya están delineados pero que misterioso que es Dios al darnos pocas pistas para saber por donde están. Pero están y solamente hay que saber esperar.

En este misterio de la Fe, Dios nos va regalando dos preciosas virtudes: la paciencia y la fidelidad. Paciencia para seguir caminando a pesar que no se sabe donde se pisa y hacia donde vamos. Y fidelidad por esperarlo y por la certeza que en el momento menos pensado se abre un surco de claridad y con el sello de su "respuesta".

Mientras, si no estamos lo suficiente fortificados nos invade la incertidumbre y la ansiedad y en la medida que éstas aumentan más Dios hace silencio porque le estamos diciendo que no! que no creemos en su camino, que no sabermos esperar pacientemente, que no confiamos en su divina providencia, que somos débiles por carecer de los ojos fijos en Aquel que todo lo puede.

Señor, danos la gracia para que nuestros ojos miren hacia al cielo y te invoquemos, pidiéndote lo único que nos falta: el espíritu santo.

Cuando las fuerzas se debilitan y la voluntad comienza a marchitarse, Tú deseas fervientemente que gritemos tu asistencia para venir nuestra ayuda y desplegar tu santificadora Sombra. La misma que cubrió a María en Nazaret, tu Madre, para engrendrarte con júbilo y gozo.

Señor, sé que estás atento a nuestros más mínimos deseos; entonces atiende esta súplica y esta gracia que te pedimos: Envía tu espíritu. Que El con su energía y su fuerza arrolladora penetre la piel de nuestro cuerpo para llegar al corazón y bombee torrentes divinos de adrenalina y así saber que tu presencia nos transforma en la medida que recibimos tu AMOR. Señor, envíalo cuanto antes, ahora. Sabés que lo estamos esperando porque El viene sin tardanza. Ven espíritu santo, ven, santifícanos y gozaremos de unos instantes de alegría que no tienen comparación.

Ven, esperamos todo de Tí. Ven.

Nada sin tu asistencia.

A veces nuestras preocupaciones nos desorganizan internamente

y no vemos más allá de lo que pensamos y sentimos subjetivamente

en ese momento.

Somos egoístas y orgullosos porque confiamos en nuestras soluciones

y puntos de vista personales.

Es un error.

EL está presente y solo espera un grito y una súplica sincera para correr

en nuestro socorro.

Gran drama del hombre, tener que dejar momentáneamente la solución y esperar...

Todo se dilucidaría si en ese instante decisivo decidimos detenernos y...

gritar.

El nos respondería: Aquí, estoy. ¿qué necesitas? Yo obraré por ti, abandónate, renuncia y deja. Yo puedo ver lo que tú no eres capaz, hacer lo que a ti te parece prácticamente imposible y cambiar en un soplo cualquier situación.

Escucha, atiende, siéntate un poco, respira y mira hacia lo alto.

Yo estoy contigo siempre para ayudarte y ampararte.

Déjame a mí, córrete a un lado, ten plena confianza en lo que puedo

hacer por tí. No te defraudaré.

Ven entonces Espíritu Santo, envía tu poder y tu fuerza y seremos salvos.

Ven y hazte entender. Envía a nuestros oídos suaves y delicadas

sugerencias. Deja una marca indeleble en tu paso.

Ven y santifícanos.

Ven.

Gratitud. Palabra que a veces la hacemos esperar. La dejamos olvidada. Está muy guardada. y nos cuesta expresarla sinceramente. La gratitud es volverse humilde para dar gracias a Dios que nos ha ayudado y ha hecho posible lo que nosotros no hubiéramos podido.

Es la consideración en un momento del día que debería plasmar un estado afectivo de gozo y alegría por haber sido retribuidos por el misterio de la gracia.

Gratitud es el silencio y la mirada fuerte fija en Aquel que la está esperando. Es una actitud reverente de hacer presencia al Invisible, al que todo lo puede, al que nos asiste en los pequeños y decisivos detalles de la vida cotidiana.

La gratitud se ausenta cuando huele amor propio y orgullo. La vanidad la esfuma por completo y la arrogancia la destruye para no volver a renacer.

La descortesía provoca el olvido y nos enceguece para percibir las maravillas que el Señor nos regala durante el día. ¿Y si no vemos por esa tela de niebla que oscurece nuestra visión, que vamos a agradecer, entonces?

Señor, perdóname por los años de ingratitud y por el silencio egoísta que de alguna forma marca el atribuirme lo logrado.

Que vivencia triste siento hoy por desconocerte y no haberte dado las gracias en la cantidad grande de veces que interviniste sin que yo lo pudiera reconocer. Que ciego estaba !

Quisiera pedirte la gracia para que me despiertes y mañana me levante con otros ojos y un nuevo corazón. Que mi espíritu alabe y cante las maravillas de las cosas más insignificantes que se nos presenten.

Hoy, ahora me doy cuenta que estuviste siempre, en la palabra acertada, en la mirada suave y tierna que transmitió sin palabras tu parecer, en la decisión adecuada que estimulaste para que otro la tomara en el momento justo, en muchos momentos y en varias circunstancias... ¡Permanentemente estuvo tu silenciosa pero firme presencia, aunque no nos dimos cuenta.!



Perdona nuesto olvido y acepta nuestra gratitud.

Señor, hazme humilde, que no me olvide que todo viene de Tí. A veces siento que no puedo responder a las necesidades de las personas y me parece que me veo desbordado y que es poco lo que yo puedo dar. Y creo que es así, porque por sí solo no puedo dar nada de nada. Sin embargo, si hay algún éxito, increíblemente me lo adjudico en forma socarrona, lo gozo y me creo algo sin serlo. Que no me olvide... Hoy reconozco la importancia de la oración continua, siempre, a cada minuto porque solo Tu con tus dones nos permites dar respuesta adecuada a lo que tenemos que resolver.

Señor, dame la gracia del convencimiento que debo rezar con perseverancia y confiar en tu poder y en tu asistencia. Que no decaiga nunca, que cada día me estimules más a aspirar a un segundo de tu gracia inigualable.

Envía al Paráclito, al Defensor y al que asiste, al que ve en lo secreto, al que descubre lo más recóndito, al que construye la Paz, al que interviene en el momento menos pensado, al que ve todo y no se le escapa nada. Envíalo, Señor.

¿ Que podemos saber de los demás y lo que le debemos decir? ¿Cómo puede tener fuerza y eficacia nuestra palabra ? ¿ Que es lo que necesita esa persona ? ¿ Cómo podemos ayudar a que alguien pueda cambiar su forma de ser y de pensar cuando nos parece que eso resultaría prácticamente imposible por los hechos...?

¿ Que es nuestra palabra, sino mediadora de contenidos egoístas, caprichosos y muchas veces hasta inadecuados e impertinentes ?

Señor mira nuestra limitación por todas partes. Nos impide redimensionar y enriquecer lo estrictamente humano y el vínculo y el encuentro con los demás, a veces, se va empobreciendo y se vuelve infructuoso.

Hoy, ante cada experiencia que me pueda venir te pido: Que me vuelvas humilde y que me recuerdes que debo gritarte para pedir siempre tu auxilio divino, y esperar con paciencia y confianza el desarrollo y solución de cualquier obstáculo.

No dejes que mi orgullo y vanidad me hagan creer que algo viene de mí. Señor, que sea solo sarmiento que dependa en todo de Ti, la verdadera Vid.

Y que me vengan al corazón tus palabras para no envanecerme: Y cuando hayan hecho todo lo que tenían que hacer, digan: somos siervos inútiles que no hacíamos falta.

Necesito de tu Mirada misericordiosa para que cada día compruebe que con cada persona con quien me encuentro Tu estás siempre interviniendo y estás obrando entre los dos para que la Verdad salga a luz. Te pido que esto lo pueda ver en carne propia esperando ese milagro cotidiano, esa intervención divina que da certeza, que convence, que nos maravilla y que nos hace creer y cambiar.

Entonces, solo El, Señor, el espíritu de la verdad puede acompañarnos en esta aventura. El viene con sus dones valiosos y yo creo que más que nada viene con Tu Palabra, ahí con la palabra justa en el momento preciso.

No lo sentimos, no sabemos donde está, no lo podemos ver con los ojos, pero sabemos que está, tú, lo prometiste. Necesitamos la gracia de depender del espíritu santo si queremos vivir en armonía y en lágrimas de gozo. Señor, que tu mano poderosa y tierna, de un golpe, derrame en respuesta a nuestro grito diario, la santidad y la verdad del espíritu santo.

Ven, no te escondas. Golpea suavemente nuestra angustia. Pasa y hazla desaparecer. Instálate Tú, con tu alegría y con tu fuerza, ¿ sabes porqué ? Porque a veces si tú estás podemos derramar las lágrimas de alegría más hermosas que un ser humano pueda gozar y disfrutar. Que no lo olvide: no se puede comparar ese segundo con ninguna otra experiencia humana por más gratificante que parezca.

Ven espíritu santo, ven y larga la lluvia de tus dones para que pueda sentir lo que el Señor dice de Tí. Es terrible lo que aguanta la roca y rudeza de mi corazón. A veces es inexpugnable ya que estoy fortificado terriblemente y no permito que Tu entres para experimentar la gracia y la alegría misteriosa que regalas a aquellos que se encuentran disponibles. Pero, yo no estoy así, me cierro, te evito y resisto cual si fueres un enemigo enorme. ¿Que tengo que hacer para salir de esta situación anímica? ¿Cómo puedo sentirme disponible de verdad? Estoy en una confusión como nunca me había pasado antes, en no entender nada de nada, en no tener el más mínimo norte de lo que debo hacer, en como salir de acá. Estoy cubierto de desesperanza, de incredulidad y todo decae y todo se vuelve oscuro y relucen todos mis sentimientos más negativos y atroces. Auxilio, auxilio... lo pido por todas partes. No puedo más. Tengo tu palabra y los caminos pero no los recibo y los tiro a cualquier parte y quedo vacio totalmente. No creo, no confío, no espero, no aguanto más, no se lo que hacer, estoy desesperado y triste y sin ninguna ilusión. Dudo de tu palabra, de tu verdad y esto es muy peligroso y estoy pecando y cometiendo el más nefasto pecado: no creer en el espíritu santo. Entonces: ¿ QUE ES LO QUE ME PASA ? ¿QUE DEBO HACER? ¿COMO PUEDO CAMBIAR Y EMPEZAR A VER ALGO MAS CLARO?

Me pongo mal porque Tu respondes pero es igual: no lo acepto, quiero seguir mis caprichos y no admito de ninguna forma la prueba y el camino que me estás indicando para que logre la transformación de mi corazón.Parece que quiero ver, pero estoy seguro que si viera igualmente sería lo mismo. Quedo encerrado en un círculo, siento que estoy en una prisión y no hay la más mínima esperanza. Veo todo negro, no creo en nada y me aniquila anímicamente.

Señor, Tú eres misericordioso. Me lo has demostrado. Hoy te suplico que me regales los dones del espíritu santo. Tu prometiste que después de tu partida vendría El para santificarnos y decirnos TODO. Despójame de sensaciones que me impiden recibirlo y sentirlo. Que El venga y me calme, que venga y me pacifique, que venga y me haga creer, que venga y se apodere de mi ser en toda su dimensión, que venga y me ayude a soportar la prueba, que venga y me señale el futuro, que venga y ore conmigo, que venga y me haga ver... que venga y me regale la CONFIANZA, que venga y me oriente, que venga y me estimule a perserverar, que venga, que venga, que venga...

Señor tu sabes que no hay verdad en mis labios ni transparencia en mi corazón. Conoces todos mis pensamientos y siempre te anticipas para corregir mis defectos. Pero lamentablemente no te oigo, no quiero escucharte y rechazo tu palabra y tu verdad.

Sé que siempre estás a mi lado a pesar de mi indiferencia, sé que siempre me cuidas y me proteges aunque yo no lo perciba. Tu amparo está permanentemente todas las horas del día. Pero mi duro corazón se entretiene en cosas vacías y efímeras y te dejo a un costado. Tu igual me esperas, me miras y me sigues hablando. No te respondo, estoy totalmente dormido. Y cuando despierto me domina el desamor.

Sin embargo, tú insistes, amas mi miseria aunque yo no te la entrego. La guardo y quedo ensimismado en ella y me empobrezco hasta perder el sentido de mi vida. Me detengo, no quiero avanzar y la tristeza gobierna mis actos y mis pensamientos.

Oh Dios de las misericordias, Padre de todos los tiempos, estoy aquí ante ti y no sé que hacer ni que decirte. Abre mi corazón, purifícalo, no permitas que la tentación sea mi compañera. Regálame el deseo de la oración continua y cuando aparezca el cansancio, aléjalo y vuélvete tú y llévame de tu mano. Mírame, pon tu amor en mi persona. Que tenga la valentía de empequeñecerme, de arrodillarme para dejarme llevar por Tí. Pon toda la fuerza de tu espíritu, la gracia sobrenatural para acercarme un poquito más a ti y conocerte y ver tu rostro. Has que tú seas el centro de mi vida en toda circunstancia, que viva en ti y por ti. No tengo nada para darte, nada que ofrecerte. Ni siquiera lágrimas de arrepentimiento, al contrario, vestigios de orgullo y dureza.

Pero tú estás igualmente ahí, aquí, ahora. Por favor: derrama tu misericordia, que sienta tu amor, tu mano cálida y protectora que me haga regresar a la vida. No tengo nada para darte. Me queda solo mirarte, sé que tu me lo pides y me dices que todo está en calma.

Señor, te doy gracias, infinitas gracias por ser como eres, por esperarme, por atenderme, por amarme aunque estoy convencido que no soy digno de ti: no me lo merezco.

Pero tu vuelves cada día: estás ahí, te veo con ojos de corazón enternecido diciéndome: Mírame. Te amo...Continúa y sígueme.

El señor ama a aquellos que se dedican a buscar y encontrar la sabiduría. ¿como ser sabio, Señor? Uno necesita eso que no se puede definir y que solo viene de Tí en el misterio más total. Señor, mi armadura humana me impide ir a Tí, con deseos y con ganas. Un día bien y otro que quedo estancado y me domina la ansiedad que no logro neutralizarla nunca.

Como desembarazarme de ella, es algo que me perturba y ojalá pueda darme cuenta que igualmente con ella, debo pedir tu sabiduría. Rezar y orar para que venga y contar con Ella para resolver lo que el día nos presente.

Sin sabiduría todo es necedad y dificultad; no tenemos armas para resolver con éxito aquello imprevisible. En cambio si pedimos y adquirimos la sabiduría, Ella viene y se hace presente y actúa sin que nos demos cuenta.

Hay como una protección especial cuando Ella está y se hace sentir. ¿que sucederá en esta reunión, que debo decir, que palabras, que juicios debo emitir sin quizás causar daño o alguna dificultad? Cada día compruebo más que debo rezar y rezar para buscar la sabiduría y esperarla sin desconfianza. La deseo y la necesito para que Ella gobierne mis actos y mis actitudes y pueda con Ella mostrar algo a los demás que les de confianza y tranquilidad. Es decir emitir palabras con vida que convenzan, motiven y ayuden a cambiar los comportamientos y a vivir un poco más en armonía.

Ahora: ¿cuándo viene? "El espíritu santo les hará conocer los hechos futuros y los acompañará con protección y firmeza para que se enfrenten a las dificultades." Pero... hay que pedirla siempre y con perseverancia, sin cansancio, sin desanimarse a pesar de los vaivenes afectivos del día de ocasión. ¿donde estás? ¿cuando vienes? ¿que nos dirás? pero en definitiva ¿que debemos hacer?

Creo que la sabiduría es darse cuenta que sin Ella nada somos y nada podemos. Creerlo en la certeza y en consecuencia mantener una actitud permanente de escucha y disponibilidad.

Señor: Gracias por este momento que sé que es tuyo y de la Virgen. No obstante: ¿cumpliré...? Apelo a tu misericordia porque a pesar de nuestros olvidos, Tú, por tu amor infinito nos la regalas cuando menos la deseamos y casi siempre cuando más la necesitamos. Gracias.

Si clamamos al espíritu santo para pedirle el don de la oración continua, tal deseo se instala en nuestro corazón de tal forma, que los minutos desperdiciados conscientemente en hechos que no son de oración, se transforman en un estado de angustia que nos hace pensar el alejamiento del Señor.

Es buen índice, porque refleja lo bueno que es estar misteriosamente en la presencia de Aquel que nos ama.

Pero deseo de corazón que el espíritu santo no me deje ni un momento y con sus soplos active permanentemente esa necesidad que es una gracia y que solo cuando nos damos cuenta de que no la tenemos, recién ahí le damos la importancia debida.

Señor pérdoname por estar ausente ese tiempo que verdaderamente no lo dediqué a nada y que más bien lo perdí. Disculpa, pero recibe con sinceridad esta angustia que de alguna forma me deja contento porque es una angustia de no estar en Tí y ojalá que nunca desaparezca entonces.

Señor, vuelve tu rostro de ternura y de piedad para disipar esa sensación de soledad y de tensión que nos invade y de la que a veces no podemos salir. Haznos experimentar tu Misericordia y saber que te alegras ante este comportamiento porque entonces confirmas que si te extrañamos es porque alguna vez vivimos intensamente tu presencia, ahí, en cada momento de nuestra existencia.

Envía tu espíritu, el que ora con gemidos indescriptibles pero en silencio y en lo profundo del corazón. Que estemos abiertos a su soplo y muy agradecidos por su insistencia y su tierno desinterés. Nos hace bien sentir que nos ama y que nos cuida mucho más allá de lo que podemos imaginar.

Que tu espíritu no se desprenda de nuestro caminar y nos allane los pasos para crecer en madurez e integridad hacia una auténtica vida de oración continua.

Gracias.

Señor, antes de escribir, te pido que tu Espíritu me envíe el don de sabiduría para que tus palabras se plasmen en estas líneas. Solo tu verdad es capaz de escribir lo que nosotros no podemos, justamente porque nos falta este don y sobremanera hay que pedírtelo con insistencia.

Señor, algo que leí decía que el principio de la sabiduría es tener necesidad de Ti. Si nos creemos sabios, no te necesitamos y te dejamos a un costado.

Nuestro orgullo, que es muy engañoso y dominante nos hace creer que nuestros logros surgen de nuestra inteligencia, de nuestra capacidad, cuando la verdadera humildad es más que nada reconocer que todo lo bueno viene de Tí.

El misterio de tu espíritu a veces, cuando estamos disponibles y abiertos a tu soplo, se instala y gobierna nuestras palabras y las decisiones que debemos tomar en cualquier circunstancia. Yo me pregunto y trato de pensar como salen nuestras palabras... tengo que hablarle a alguien, a una persona que está necesitando de una palabra adecuada... Que increible proceso debe sucederse para que salgan tal o cuales palabras y no otras. Si está la sabiduría, Ella se encarga en el misterio más total de unirlas y seleccionarlas para que se verbalicen de la forma más clara y convincente y así ayudar a quien las está esperando.

Regálanos entonces, la necesidad de la súplica, del pedido, de la oración con fuerza para que Ella venga en nuestro auxilio. Reconozco que no lo hago todos los días y no me abandono al despertar a la súplica fervorosa para que yo sea digno de recibir la fuente sabia y transparente que el Espíritu regala en la gratuidad de su don.

Si todavía no siento necesidad es porque sigo siendo orgulloso y verdaderamente ignorante. Pero sé que tampoco pido porque no tengo resuelto el gran problema: LA CONFIANZA Y EL ABANDONO.

Siento que no está desarrolada en mi ser la confianza y la fe en Tí que todo lo puedes. A veces, como no puedo ver ni tocar, me digo que todo esto es una locura, que no existe nada y parece que estoy viviendo un gran vacío. ¿señor, como entonces adquirir la confianza, base de la sabiduría?

Mi corazón pareciera que no registra esa sensación de seguridad y confianza en tu poder. Dudo, vacilo, pregunto, miro indirectamente y estoy anclado en la depresión y en la desesperanza.

Señor ¿cuando tendré esa certeza maravillosa en mi corazón de lo que significa abandonarme en tus brazos ? Sé que no lo lograré por mi mismo, sino solamente a través de la súplica y de la gracia. Que tu espíritu, en su sabia ternura, penetre la roca de mi corazón y de a poquito me haga sentir que estoy viviendo la tranquilidad de estar permanentemente en tus manos y en tu cuidado.

Señor, mano de misericordia y de bondad, escúchame: Hoy dirijo esta súplica ferviente para pedirte que me regales la confianza, que no decaiga nunca para que cada día cuando lo empiezo recurra a Ti y la sabiduría sea mi compañera en cada acto y palabra que pueda decir. Regálame la confianza, ya que confiar solamente en Tí es la verdadera sabiduría, que nos hará audaces y nada temerosos para enfrentar los acontecimientos de cada día, que son muchos y difíciles.

Sensibilízame en el deseo de aprender a ser sabio para tener algo que podré volcar a los demás y enderezar correctamente mi propia vida. Adviérteme a través de pequeños signos la senda de tu Voluntad, para que desarrolle un espíritu sobrenatural y continúe pidiendo, suplicando y gritando:Señor, envía cada mañana al levantarnos el don de la sabiduría. Renueva nuestro corazón con la gracia de la confianza.

Estando sin Tí, hay un vacío y nuestra alma está inquieta.

¿ Quién eres y que tienes para que te necesitemos tanto?

Vuelve tu soplo hacia nuestras heridas y grietas

Cicatriza con tu brisa los bordes negros y las manchas que deja

al pasar nuestro pecado.

Da vuelta la esquina y espéranos ahí para marcarnos el camino

insospechable.

Nadie te ha visto, nadie te ha podido tocar pero creo que sí,

que de pronto un susurro imperceptible está ahí, marcando tu

presencia.

Espíritu de claridad ven y ampáranos.

Cuando faltas la oscuridad es nuestra compañera y equivocamos

el diario proceder.

Tu eres la Verdad, la fuerza del comprender.

Eres misterio cándido y melodioso pero a veces no nos percatamos

de tu sutil sugerencia. Estamos desatentos.

Asáltanos y róbanos nuestras pertenencias, que son pesadas

y que por defenderlas nos embarga la preocupación.

Quiero escucharte y recibir tus palabras. Quiero estar disponible a tus dones.

Ven Espíritu Santo, ven. Nada sucede sin tu asistencia. Todo es nada,

sin embargo necesito segundo a segundo tu amistad.

Escucha nuestras plegarias, nuestro grito y nuestra angustia.

Que tu luz nos guíe y nos apaciente. Nos transparente el camino y en su recorrido, contemplemos y glorifiquemos al Dios único, santo y verdadero.

Señor, envía tu Espíritu: que nos santifique y haga de nosotros instrumentos dóciles al servicio de los demás.

Cuando venga la duda y nos preguntemos ¿que es esto? sopla tu espirítu.

Cuando estemos solos y nos falte el alimento de los afectos que de alguna forma nos dicen que estamos vivos, envía con fuerza tu espíritu.

Cuando no tengamos voluntad de orar y el esfuerzo decaiga, sopla tu espíritu.

En los días que no podemos estar contigo y el tiempo pasa sin que Tu pases por nosotros, abre la puerta y envía de la Sombra la dulce claridad y compañía de Aquel que realmente es espíritu y verdad.

En los días que más quiero tu luz y no aparece la presencia de tu Amor, levántanos la mirada para esperar y gritar: ven espíritu santo, ven, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor.

En los momentos que me detenga y desatienda las llamadas de los demás, regálame el hablar para que las emociones salgan puras y transparentes al amparo del Amor que nace de la dulce misericordia del Padre de todas las luces.

Gracias por la estrella que está debajo de nuestro corazón, siempre a la sombra y llenando un espacio vital. Gracias por esa mujer de fuego que enciende la leña al soplo del que no tiene momento de llegada. Gracias por la Virgen, Señor, porque nos hace estremecer, orando en el Espíritu con su único deseo de que Tú y yo nos encontremos.

Señor, me he vuelto indiferente. Te lo quiero confesar.

Hoy, el recuerdo de tu Palabra me ha hecho meditar y he quedado muy apesadumbrado por la esterilidad de mi respuesta cotidiana.

Estoy muy ocupado en actividades exclusivamente humanas y la ambición de poder y prestigio me han hecho prisionero de mí mismo.

Que lejos estoy de dejarme impregnar e invadir por la gracia sobrenatural que haga que mi ser y mis conductas, signifiquen para los demás un reflejo de tu rostro.

Me he instalado en la indiferencia.

Te elevo esta plegaria y devuelvo tus palabras que hoy me has susurrado para que el Espíritu Santo me despierte y despliegue su sombra sabia y así santifique y transforme mi pétreo corazón.

Señor, no quiero perderme en las palabras y en las intenciones, sino que tu Palabra de verdad comience a limpiar las resistencias que me impiden recibirla y vivirla.

Espíritu Santo: sopla tu DON, despiértanos:

"Vine a llamar a los pecadores para confundir a los sabios. Amame por encima de todas las cosas. Soy tu maestro, tu estrella, tu ejemplo y tu confidente. Estoy en tu corazón.

Ama al prójimo como a ti mismo, socórrelo, aýudalo siempre. Parte tu pan con el hambriento y viste a los desnudos. Práctica la limosna, escucha a los atribulados, a los pobres, a los solitarios... entonces amanecerá en ti una luz como la aurora y serás una antorcha dificil de apagar.

Haz el bien siempre sin mirar a quien. Persevera en el bien y tendrás tu recompensa. No des lugar al mal, porque los espíritus malignos siemprer están al acecho. Combátelos con la armadura de la fe. No dejes guiarte por la carne y sus concupiscencias, sus pasiones desordenadas, porque sus consecuencias son: lujurias, riñas, disputas, envidias, separaciones y rencores.

Sigue al espíritu y encontraréis paz, paciencia, caridad, misericordia, mansedumbre y amor.

Velad y orad con persistencia, porque mucho puede la oración asidua del justo. Ten mucha confianza en Mí y confianza en conseguir todo lo que pidieres con fe, en la oración.

Si pecas, arrepiéntete con todo tu corazón, pídeme perdón, busca la penitencia y mi paz estará contigo. Por nada os desmayéis, la tribulación edifica, ejercita la paciencia, ésta prueba nuestra fe y la prueba engendra la esperanza que no quedará burlada, porque mi caridad ha sido derramada en tu corazón por el espíritu santo que te he dado.

Si estáis tristes, orad y si estáis alegres, cantad salmos de alabanza porque yo me regocijo.

Para mí nada es imposible, todo el que crea no será confundido.

Acuérdate: El reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en el campo, que si lo halla un hombre, lo encubre de nuevo y gozoso del hallazgo, va y vende todo cuanto tiene y compra aquel campo.

Sin mí nada podéis hacer. No me puedes engañar. Lo que el hombre sembrare, eso recogerá.

Sed un verdadero templo de oración y te darás cuenta que soy la verdadera puerta. Alábame. Humíllate y serás ensalzado. Mantiene la caridad la cual es atadura de perfección y todo cuanto hagáis hacedlo en mi Nombre.

No quiero holocaustos ni sacrificios, cumple la voluntad de mi Padre.

Dad siempre gracias por todo lo que recibes. Agrada al Padre haciendo el bien. Usa de la misericordia, de la humildad y del perdón.

Calla a tiempo y tened prudencia, así serás honrado por todos.

No digan mentiras tus labios, no maldigas, no condenéis. Ama a tu enemigo y házle el bien. Deja atrás al hombre viejo, vive en continua actitud de conversión para que me testimonies como el Resucitado.

Siempre y a todo momento, estoy contigo.

Necesito tu oración"

Cuando llegue el momento de tener que renunciar y de sufrir, clamo a tu Misericordia y te pido que me regales la gracia, la bondad de tu espiritu reparador, para que vuelva a comenzar.

Cuando el dolor fuerte golpee mi pecho, vuelve tu rostro de piedad y ampárame con tu espíritu que crea y revitaliza.

Cuando no haya luz ni caminos abiertos por mi falta de fe, atiende mi súplica fervorosa y envía la brisa matinal de tu espíritu.

Cuando la tentación haga su fuerza e intente llevarme a otra senda, sopla con caridad la ternura del espíritu santo.

Cuando esté deprimido y sin aliento, cuando las sensaciones emerjan cargadas de angustia incontrolable, derrama tu espíritu consolador.

Cuando no haya sentido en mi vida y me gobierne el aburrimiento y las pocas ganas para seguir luchando, pon tu espíritu en mi corazón, para que vuelva al convencimiento que Tú estás a mi lado.

Padre, Señor que estás en los cielos, hoy suplico a Ti el don de la gracia. Padre, hoy clamo a Ti, la alegría silenciosa que solamente Tú, regalas a los pobres suplicantes.

Señor de los misterios, de los milagros escondidos, de las sorpresas infinitas e indescriptibles, rocíame con la santidad de tu espíritu, con la fuerza y verdad de Aquel que es cumplimiento vivo de tu Palabra.

Escúchame, atiéndeme, que sepa tu voluntad, que sienta tu ternura y que esté atento a tu respuesta.

Vuelve tu rostro de piedad, de misericordia y de amparo. Necesito tu gracia santificante y la sanación para mi alma, tu presencia en el encuentro con los demás, tu palabra de verdad.

Quema aquí y prende allá. Ampárame, mírame y fortifícame.

Dime lo que debo hacer.

Dime cual es tu voluntad.

Fuerza y confianza para caminar cada minuto hacia Ti.

Gracias.

Hoy clamo al que se hace escuchar, al que está atento siempre y en toda circunstancia.

Ven espíritu santo, con tu música armoniosa infundiendo paz en nuestra alma y brindándonos el don del discernimiento.

Aquí estamos perdiendo el tiempo sin poder zafar del poder casi omnipotente que tienen todas aquellas cosas que no son de Dios. La palabra clave se hace "ausente" porque nos interpela: RENUNCIA. ¿ pero porque renunciar a lo que Tú nos diste Señor ?

Entonces comienza a engendrarse el gran drama del hombre: Resistirse o dejarse guiar por Dios. Y el hombre se opone siempre por el temor irrenunciable de perder su identidad. "Pedro... otro te guiará..."

Y cada invitación a la renuncia lo sumerge en la depresión y en el vacío.

¿Qué hay más allá de esa línea divisoria donde Dios promete un Banquete al solo precio de la entrada de la renuncia ? En la incertidumbre de la fe, el hombre queda bloqueado asegurando insistentemente sus pertenencias. Más vale lo seguro que el riesgo de perderlo todo. Y Dios le sigue diciendo: Piérdelo, déjalo, que lo que tengo para tí es muy superior, es algo que no se asemeja a nada de lo que existe. Y de vez en cuando, nos regala alguna perlita, para mostrarnos que hay cosas que no son de este mundo, que son de otra naturaleza y no las podemos ni medir ni comprar. Es mucho el precio para el hombre y queda solo y sin saber que hacer.

Señor, tú que eres el médico de los que no tienen salud espiritual y que tu esencia misma es la Misericordia, míranos. Ten en cuenta nuestra miseria y la sensación interior de no querer ni poder.

Toma nuestro corazón de piedra, duro como una roca y ablándalo con tu ternura.

Entra si hay todavía alguna fisura y pon con tus delicadas manos el don de la gracia.

Limpia el óxido de nuestro orgullo e impaciencia. Barre todo lo que no sirva y que está molestando. Regala las pertenencias más exclusivas que nos hacen ricos a los ojos de los demás pero paupérrimos en tu Reino.

Pon nuevos muebles y lindos manteles, que la luz del sol invada en forma imperceptible el rincón de nuestros más caros sentimientos.

A lo lejos, que se escuchen sonidos melodiosos en un clima de paz y fiesta.

Y que al atardecer cuando estemos prontos, vengas a nuestra casa y golpees.

Capaz que puedo abrirte al instante y te haré pasar. Estaré temblando por tu presencia, mis ojos llorarán, mi corazón se ensanchará y estoy seguro que no habrá entre nosotros ninguna palabra. Solamente el silencio envolvente que lo dirá todo.

Te irás y quedaré un poco turbado pero con la esperanza cierta de volverte a ver. El día no volverá a ser igual, Tu estuviste...

Padre, hoy te quiero agradecer el regalo más infinitamente precioso que nos has dado: Tu Madre.

Cuando decidiste revelarte, ya en tu misericordia más íntima y escondida, tenías celosamente guardada y preparada desde siempre, a la que habría de ser Tu Madre.

No te costó mucho encontrarla. Ella siempre estuvo atenta y fiel a su misión. Esperaba tu momento.

Y en un lugar perdido, elegiste a una sencilla mujer, HUMANA como nosotros, parecida como nosotros, de carne y hueso pero muy diferente a nosotros, para que Tú también fueras uno como nosotros.

De pronto se sintió turbada emocionalmente. Su aprecio de sí no le permitía tomar conciencia de lo que iba a suceder. Pero el Angel al calmarle el temor y escuchar que Tú estabas en ella en la plenitud de la Gracia, no dudó un instante y ahí en ese segundo sublime comenzó a ser tu Madre, pero también Madre nuestra.

El espíritu santo la cubrió con su sombra por su disponibilidad y fidelidad y Ella simplemente: RESPONDIO.

María:

Te doy gracias por estar a nuestro lado. Eres don incondicional y servicio desinteresado. No nos abandonas nunca y eres Madre educadora que nos corriges y sostienes cuando nos distanciamos del Creador.

Eres Auxiliadora en las pruebas y Mediadora en nuestras necesidades.

Pero más que nada: eres Madre, que nos cuidas, nos proteges y nos guías en el crecimiento del espíritu y en el amor a los demás.

Nos dejaste el ejemplo: Hablaste poco y te retiraste a un costado, pero con firme presencia. Sufriente al pie de la cruz y maestra de la perseverante oración.

Hoy te quiero regalar un nuevo título: Nuestra Señora de la Mirada.

Tus ojos brillosos reflejan la ternura y la emoción de tu corazón, vacío de sí pero colmado en plenitud de la gracia, dispuesta a escuchar y a interceder ante tu Hijo querido.

Y ese especialísimo Don que Dios te regaló, lo tienes en tu mirada, que trasunta la limpieza de tu alma y la fidelidad a tu compromiso.

Mirada de ATENCION hacia nuestro sufrimiento y nuestras infidelidades para transformarlas en ofrecimiento silencioso.

Mirada atenta para que no nos desviemos del camino.

Mirada tierna y siempre despierta para hacernos sentir hijos predilectos del Amor del Padre.

Mirada...
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BELLA

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